Minimización y plazo de conservación
La medida más eficaz sigue siendo no conservar lo que ya no necesita. Es además una obligación directa de la normativa de privacidad.
RIESGO · FUGA DE DATOS
Los datos que no conserva son los que no pueden filtrarse.
Una fuga no siempre supone una intrusión sofisticada. Un espacio de almacenamiento en la nube dejado abierto, una base de datos expuesta sin contraseña, un antiguo empleado cuyo acceso nunca se cerró, un fichero de clientes enviado a la dirección equivocada: la mayoría de las fugas que constatamos vienen de ahí. El perjuicio, en cambio, es idéntico: pérdida de confianza, obligaciones de notificación y a veces pérdida de contratos.
Un servicio de almacenamiento hecho público para salir del paso, una interfaz de administración accesible desde internet, una base de pruebas llena de datos reales de clientes.
Bajas de empleados, proveedores finalizados, cuentas de servicio creadas para un proyecto y nunca desactivadas.
Exportaciones a una hoja de cálculo, envíos a un correo personal, copias en soportes sin cifrar.
La fuga la suele señalar un tercero — un investigador, un cliente, un periodista — en vez de detectarse internamente.
Estas situaciones no prueban que haya habido una fuga, pero indican que nada la impediría.
La medida más eficaz sigue siendo no conservar lo que ya no necesita. Es además una obligación directa de la normativa de privacidad.
Cada persona accede a lo que su función exige y a nada más. Los accesos amplios «por comodidad» son la causa más frecuente de exposición.
Un archivo cifrado que sale sigue siendo ilegible. No exime de notificar, pero cambia radicalmente el perjuicio real.
Una revisión trimestral de accesos detecta las bajas olvidadas, los proveedores finalizados y las cuentas de servicio huérfanas.
Una descarga masiva a las tres de la madrugada o desde un país inusual debe activar una alerta.
La normativa obliga a llevar un registro de incidentes de confidencialidad y, en ciertos casos, a notificar. Estas etapas se preparan antes de necesitarlas.
Son las preguntas que un cliente o una aseguradora acabará haciéndole.
Mapeamos dónde están realmente sus datos personales y quién puede acceder a ellos hoy.
Mapear nuestros datos